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Ha cambiado los pasillos del Congreso por la tertulia de actualidad

Los 100 de Sonsoles Ónega en 'Ya es mediodía'

Este martes 6 de noviembre, Sonsoles Ónega ha cumplido 100 días como presentadora del programa 'Ya es mediodía'. Esta periodista todoterreno nos hace balance del gran cambio que ha sufrido su carrera al dejar el Congreso de Diputados por el plató de Telecinco. "Me siento un poco Pedro Sánchez o Pablo Casado", afirma con guasa.

Maribel Escalona
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Los 100 de Sonsoles Ónega en 'Ya es mediodía'

Inició su carrera periodística en la agencia EFE y la ha desarrollado en distintos canales de televisión. En CNN+ y Cuatro hizo crónicas de Tribunales. Desde 2008 era la corresponsal parlamentaria de informativos Telecinco y ahora toma el relevo a El programa de Ana Rosa cada día hasta la hora en que David Cantero e Isabel Jiménez dan las noticias.

100 días de programa desde que cambiaste la puerta del Congreso por un plató de Mediaset para presentar Ya es mediodía. ¿Cómo te encuentras?
Estoy muy contenta por la respuesta que tienen los espectadores; estamos creciendo, poquito a poco (estamos en una media de 11,4, superando el millón de espectadores muchos días), de manera firme. Y yo voy reconociéndome. Al principio, cuando me lo propusieron, me asusté, pero me pareció una oportunidad. Lo que más me ha costado es encontrarme en el espacio y hacerme con un equipo muchísimo más grande al que yo estaba acostumbrada. Pero poco a poco voy encontrándome cómoda con el cambio de registro.

Pero no ha habido celebración…
La directora ha dicho que no y yo soy bien mandada (risas) y eso que soy una supersticiosa de cuidado, que llevo encima un montón de amuletos….Me conformo con seguir el mismo ritmo de crecimiento que lleva el programa y con el mismo grado de fidelidad.

Lunes, martes…¿cuál es tu día preferido?
Los lunes sigo teniendo especial taquicardia cuando hago el relevo con Ana Rosa Quintana, pero poco a poco….

¿Tienes el mismo target de público que El programa de Ana Rosa?
Al principio sí, pero en la última franja del programa se nos ha incorporado mucha gente joven entre 18 y 35 años.

¿Echas de menos el cara a cara con los políticos?
Echo de menos hablar de política en general. Antes estaba sepultada por la conversación política durante doce horas; se hablaba de política con la camarera de la Cámara del Congreso, con un ujier… en cada esquina del Congreso se arregla el país. Y eso lo echo de menos, pero sigo manteniendo relación con compañeros y con diputados del Congreso con los que me gusta hablar. También es verdad que, ahora que estoy fuera, me doy cuenta de que no todo el mundo gira alrededor de la política.

Estás descubriendo que hay vida más allá…
Tal cual. Nos creemos los salvadores de la patria y estoy descubriendo que hay otras parcelas de la actualidad que le importan mucho más al ciudadano y, por ende, al espectador, que los debates parlamentarios. Tal vez sea esa la asignatura pendiente de la política: acercarse a los problemas reales de la gente.

Seguramente interesa menos la vida política porque el nivel de nuestros diputados también ha bajado…
Lamento coincidir contigo. Sí. Los grandes oradores y parlamentarios ya no están. Las nuevas generaciones tienen todavía el reto de aprender del parlamentarismo de los antiguos. No está Alfonso Guerra, no está Mariano Rajoy, que era un gran orador, no hay figuras de las que aprendamos en sus discursos. No se nos cae la baba con ninguno.

 

Con el tema de la exhumación de Franco te lo están poniendo difícil. Pilar Gutiérrez, la presidenta del Movimiento por España ha acusado al programa de difundir 'fake news'.
A ese personaje le descubrimos en el programa, concretamente el guionista, buscando voces que estuvieran a favor del tema porque el resto eran todas en contra y queríamos conocer los dos puntos de vista. Nos hemos encontrado con voces muy beligerantes entre los entrevistados e incluso en la mesa de debate, la exhumación de Franco es uno de los temas que más calor y enconamiento suscita. Parece un asunto que todavía no está resuelto. La decisión del Gobierno estuvo bien pero no la remató.

En el programa te vemos como una mujer a la que gustan las historias humanas; más pasional que cerebral. ¿Eres así?
Un plató de televisión permite mostrar emociones mucho más que si eres un reportero de informativos y seguramente ese ha sido el hallazgo más constructivo que he descubierto; además, no me cuesta hacerlo, me gusta emocionarme con lo que hago. Es imposible no hacerlo cuando estamos hablando de un crimen o de una estafa porque son temas sociales que importan.

¿En tu casa son críticos contigo? 
Mi marido (Carlos Pardo) es abogado y no puede verme (en casa del herrero, cuchillo de palo), pero la que siempre está pendiente de Ya es mediodía es mi madre. Se pone muy nerviosa porque nos 'atropellamos' en la mesa de debate y todos los días me envía un mensaje para decirme que modere, que si no, no se nos entiende…Mi padre y su mujer también están pendientes, pero de forma más discontinua, seguramente por horarios.

En antena has confesado que durante un tiempo fuiste la 'personal lover' de tus amigas. ¿Te has encontrado estafadores del amor de verdad
Sí, es verdad. Fui personal lover de una amiga que le daba mucha pereza entrar en las redes sociales para ligar. Lo hice casi por amistad cuando le dije: “No te preocupes que yo te gestiono el perfil”. Y me encontré con tiparracos que aprovechan la situación vulnerable de estas mujeres que buscan amor y le pidieron dinero. Menos mal que lo detectamos a tiempo y mi amiga no soltó un duro, pero ocurre. Las redes sociales son una coartada perfecta para todo esto.

¿Desde que conduces Ya es mediodía te has enganchado a los sucesos, el corazón o a Gran Hermano?
Sí, taxativamente. No me imaginaba yo que había tantos sucesos y me sobrecogen especialmente cuando se produce el crimen de una persona enferma; lo que se denomina “crimen por compasión”. En cada suceso hay una historia personal y cada uno resume la condición humana en todas sus aristas, que me interesa muchísimo. Salvo casos como el de Pioz, en el que me cuesta entender a tipos como Patrick Nogueira, en el resto siempre hay una parte que puedes llegar a entender.

¿Qué noticia o qué entrevista te gustaría dar?
Me encantaría contar la investidura de una presidenta del Gobierno, pero está complicado porque en las primarias del partido mayoritario de este país, el PP, ha vuelto a ganar un hombre. También me gustaría contar que Cataluña y España vuelven a entenderse.

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El eje de Después del amor, tu último libro, es una historia de amor, pero también es una novela histórica y social de España y de la Cataluña de los años 30. Casi cien años después, ¿seguimos con el mismo problema del independentismo catalán?
Hay que recomponer la historia de amor entre Cataluña y España, que es posible, pero hay que querer. Sin duda, tiene que haber diálogo y la solución tiene que ser política, pero hemos llegado a un punto en que hablar de diálogo y reivindicar la política casi está “demodé”. Se han polarizado las posiciones políticas hasta extremos que jamás pensamos que llegarían. Hay un problema de interlocución

Todo el mundo habla de diálogo, pero ¿en qué términos?
Sigo pensando que tiene que haber diálogo, pero el problema es con quién. Y Cataluña no tiene un interlocutor válido. Estamos asistiendo a un diálogo entre sordos y mudos.

¿Eres más coqueta a la hora de vestir ahora que te ven de cuerpo entero y no de cintura para arriba? ¿Te dejas asesorar?
Me preocupa más la imagen, pero he delegado esa parcela en la estilista de Telecinco y estoy encantada de hacerlo.

Dices que estás asumiendo el mostrar tu 1,56 de altura al público. ¿Alguna vez has tenido complejo de bajita? 
Ese complejo lo superé en la adolescencia. Ahora llevo tacones más altos, es verdad, pero estoy feliz con mi 1,56 y teniendo en cuenta que la mujer más poderosa de este país en su momento, Soraya Sáenz de Santamaría, medía más o menos…En un mundo de altas y delgadas, hay que bracear (risas).

Hija del también periodista Fernando Ónega y hermana de Cristina Ónega,. ¿Te choca que tú seas la famosa mientras tu hermana lleva las riendas del Canal 24 horas de la televisión pública?
Creo que mi padre sigue siendo la estrella y mi hermana Cristina es la gran desconocida porque se oculta convenientemente (risas). Y eso que yo la menciono constantemente porque es uno de los puntales de mi vida. Tiene dos años más que yo- es mi referente como hermana mayor-  y siempre la he admirado porque es una periodista muy inteligente, muy serena, que respeta los principios básicos del periodismo, con una capacidad de análisis que yo envidio. Nos compenetramos mucho. Compartimos espacio de trabajo hace ocho años, cuando las dos hacíamos información de tribunales, ellas para TVE y yo para CNN+ y aprendí muchísimo de ella. En realidad es la lista de la familia.

¿Tienes más hermanos?
Cristina y yo somos del mismo padre y madre y luego tengo otro hermano adolescente, Fernando, de 15 años, de una segunda legislatura matrimonial de mi padre. Él es muy listo también y es el que nos acerca a todo ese mundo maravilloso de los robots y los videojuegos, que me dejan con la boca abierta.

¿Qué futuro le ves al periodismo? 
El que los ciudadanos quieran pero me gustaría que el ciudadano supiera diferenciar la buena información de la mala, que la hay. Vivimos en la sociedad con más abundancia de información de todos los tiempos y más desinformada que nunca y ante eso sólo nos queda alertar al ciudadano para que los gobiernos no nos engañen; necesitamos información rigurosa, que firme un periodista, máxime en un tiempo en el que los populismos de todo tipo campan a sus anchas.

Mediaset ha comprado los derechos de tu novela Después del amor, para convertirla en serie. ¿Ya es un best seller, máxime después de recibir el premio Fernando Lara de Novela?
Se está vendiendo muy bien. Vamos ya por la edición número 13, distribuyendo ahora también en Colombia. Estoy muy contenta porque esa historia de amor basada en hechos reales, entre Federico Escofet, un capitán del ejército republicano español de los años 30 y Carmen Trilla siguen prescribiéndola los libreros, sigue gustando a los lectores y sigue manteniéndose en primera línea de los puntos de venta. ¡Es una proeza!

¿Vas a participar en el guión o en la supervisión de la serie?
He vendido los derechos y estamos pendiente de que arranque el rodaje, pero no participaré en el guión porque “no me da la vida”. Sí te puedo decir que será una miniserie y que confío plenamente en la productora de Aitor Gabilondo, que pilotará el proyecto, hemos hablado en varias ocasiones y compartimos el punto de vista en cómo llevar a la pantalla la novela. Me interesa muchísimo a nivel profesional.

¿A qué actores ves como Carmen Trilla y Federico Escofet?
En mi cabeza tengo una idea, pero no puedo decir nada porque condicionaría otros temas que no dependen de mí. Con Aitor hablamos de quién veía yo y quién veía él, pero no tengo ni idea de la disponibilidad de los actores y es un mundo que desconozco.

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¿Fuiste de viaje fuera de España por fin con tu familia con los 120.000 euros del premio Fernando Lara que ganaste con ese libro?

Además de pagar lo que me correspondía a Montoro, quería hacer un viaje con mis niños (de 9 y 6 años), para compensarles de mi ausencia durante el tiempo que estuve escribiendo el libro, pero al final no lo hemos hecho. ¡Me sabe fatal!

¿Ya tienes otra novela en la cabeza?
Sí. Se trata de una historia de amor contemporánea, un amor imposible, muy pegada a la realidad social. Hemos cambiado la forma de comunicarnos, de entendernos, de besarnos incluso, con besos que se envían en forma de iconos…

¿Sigues colaborando en la COPE?
Sí, me he ido con Expósito a La Linterna y también he empezado a colaborar con Carlos Herrera por la mañana, un día a la semana. Es una forma de no desconectarme de la política y estoy descubriendo una faceta distinta que es la de ofrecer opinión, pero me cuesta.

Hace un tiempo confesabas que siendo periodista, escritora y madre, tenías la sensación de que llegabas a todo a costa de tu tiempo. De hecho lo pusiste de relieve en tu libro Nosotras, que lo quisimos todo. ¿Has mejorado en ese terreno? 
No. El mal de las mujeres del siglo XXI es la falta de tiempo para nosotras. Mi batalla sigue siendo cambiar las reglas del juego de esta sociedad, que las han diseñado los hombres para los mismos hombres y las mujeres nos hemos encontrado en ese tablero, jugando con fichas que no son las nuestras. Parece que la única opción que tienen las mujeres es renunciar a su carrera profesional y yo me rebelo contra eso.

¿En tu casa se cumple la máxima de la igualdad? 
Mi marido y yo tenemos una regla: no nos exigimos lo que no estamos dispuestos a hacer, como por ejemplo, trabajar menos para hacer cosas de casa que se pueden delegar. El 80 por ciento de las mujeres que trabajan fuera de casa necesitan ayuda dentro de casa y eso es algo que los gobiernos no entienden. Cuando entiendan que las familias son PYMES que generan empleo legal y que pagan a la Seguridad Social, quizás las ayudas a las familias serán más reales. Me he desgañitado explicándole a Montoro que sería necesario desgravarnos por el personal doméstico en casa.

¿Qué tal está tu hijo pequeño, Gonzalo, de la diabetes tipo 1 que se le diagnosticó en septiembre del 2016? ¿Lo lleváis bien en casa?
Es una enfermedad muy cruel pero lo llevamos bien. Lo más difícil es seguir navegando en un océano de chucherías porque sólo tiene seis años.

¿Sigues con la campaña en contra del consumo de azúcar y por una alimentación sana? 
Sí, los cuatro. Si mi marido compra alguna “guarrada” la guarda en el sillín de su moto y no la sube a casa (risas) porque es lo que nos ha tocado y todos somos del equipo de Gonzalo.

Te veo más delgada. ¿Tiene que ver algo con esa campaña?
Totalmente. El cambio de alimentación se nota. Yo antes era la jefa de los alimentos procesados y si algo he aprendido es a cambiar las rutinas de alimentación.

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